Cursos de retiro

¿Qué es un curso de retiro?

Fácil de decir, aunque difícil de entender.

Primero lo que no es. No son unos días en los que lo que se hace es oír meditaciones o pláticas, alguna charla, grupos de trabajo, ratos de silencio, rezar el Rosario, etc; del mismo modo que un coche no es un volante, más cuatro ruedas, más alguna puerta, etc.

Ahora, lo que sí es; un ENCUENTRO más personal, más de tú y yo, con Dios; donde Él habla y escucha, y donde tú hablas y escuchas, con más facilidad. Las cosas que se hacen tratan de ser medios para conseguir esto.

Pero, ¿qué es eso de un encuentro con Dios? El que lo ha tenido sabe lo que es, y sabe que está al alcance de cualquiera que cumpla una única condición: querer tener ese encuentro. Y al que no lo ha tenido, es tan difícil de explicar, como lo es explicar a qué saben las espinacas a quien nunca las ha probado. La única respuesta definitiva es: pruébalo y verás.

Entra en soledad. Claves externas

  1. ORATORIO. Dios está físicamente allí. Es clave pasar muchos ratos, sin prisa, con Él, mirándole, hablándole, preguntándole, y aprendiendo a escucharle.
  2. SILENCIO EXTERNO. No se trata de no hablar pro no hablar, sino de no hablar porque estás hablando y dando vueltas a asuntos con Él.
  3. LIBRETA. Ayuda escribir mucho, pero mucho. Quizá te sirva abrirte cuatro apartados:
    1. Ideas madres: oirás y leerás muchas cosas. Cada vez que veas algo importante para ti, o una idea que ves con más claridad, o algún asunto que te parece interesante, toma nota.
    2. Examen: todo lo que vayas reconociendo acerca de ti mismo, el examen que hagas, vete escribiéndolo.
    3. Cosas para hablar despacio con el sacerdote: asuntos que nunca has aireado, preguntas, temas más profundos que puedan inquietarte, …
    4. Posibles propósitos: ve tomando nota de todos los que se te vayan ocurriendo, generales y concretos. Al final, con la ayuda del sacerdote, ya seleccionarás.

Soledad acompañada. Las claves interiores

  1. MARÍA. Que vayas haciendo todo con Ella. Puedes estar seguro de que tiene verdadera ilusión, ganas e interés en echarte una mano. Ve comentándole lo que oyes, las impresiones y sentimientos que suscitan en ti las lecturas, las charlas y las pláticas…, y pidiéndole ayuda.
  2. SINCERIDAD. Pero para ponerte en tu sitio y mirar a Dios a la cara, es preciso ser muy sincero contigo y con Él. No tengas miedo a pasar vergüenza o sudar porque te cueste reconocer algunas cosas como son. Al pan pan, y al vino vino. Y no te preocupes: lo importante no es lo que tú valgas por ti mismo: fundamentalmente vales porque eres hijo – ¡nada más y nada menos que hijo! – de Dios.
  3. PEQUEÑOS SACRIFICIOS. Ofrece pequeñas cosas que te cuesten: llegar puntual a los actos, participar venciendo la vergüenza, esforzarte pro evitar un comentario y seguir en silencio, detalles de servicio, escribir aunque te dé pereza, profundizar en el mensaje…; obtendrás más gracia de Dios y sintonizarás más fácilmente.