Aspectos en los que conviene incidir

Ayudarle a desarrollar su pensamiento lógico y la maduración de su juicio moral sobre las cosas que le suceden u observa en otros. Para lograrlo, es preciso hablar mucho con él y, sobre todo, escuchar sin afán de corregir enseguida, sino más bien haciendo las preguntas adecuadas para que sea él quien obtenga las conclusiones.

Motivarle positivamente para el estudio. Un niño sano a esta edad, en un ambiente normal, debe querer estudiar; lo contrario indica alguna anormalidad. Cuando a esta edad no se estudia, se debe pensar que tiene un problema, y será preciso descubrirlo cuanto antes. Las causas suelen tener mucho que ver con la falta de virtudes básicas: laboriosidad, orden, pureza, reciedumbre, fortaleza, optimismo, etc. Hay que valorar más el esfuerzo que las notas, enseñarle a estudiar y, principalmente, hacer todo lo posible por actuar sobre el verdadero problema de fondo y consolidar aquellas virtudes básicas que echemos más en falta.

Que los socios estudien a diario y estudien bien, será uno de los objetivos prioritarios de los preceptores. Un socio de 5º de Primaria debe trabajar al menos una hora todos los días; este tiempo debe aumentar a una hora y media o dos horas de trabajo personal diario en 2º de Educación Secundaria Obligatoria.

Fortalecer su voluntad. Es aconsejable tratar algunos detalles prácticos en los que se les puede ayudar o perjudicar mucho. Por ejemplo: caprichos en las comidas; dónde y cómo estudia (quizá lo hace en pijama, tumbado en la cama, escuchando música … ); si pasa el día con la cabeza en otro mundo, distraído, viendo horas y horas la televisión, escuchando música a todo volumen, o con sus auriculares, hasta altas horas de la noche, sin exigirle que participe en el ambiente familiar. Esto produce falta de realismo, serias dificultades de concentración en clase o en el estudio, deficiente comprensión lectora, etc.

Mejorar en la virtud del orden. También conviene concretar. Muchas veces, el hecho de no guardar ningún orden -dejar tirada la ropa y sus cosas, no sujetarse habitualmente a un horario, etc.- contribuye a un estilo de vida que propicia fácilmente un fracaso en los estudios.

Facilitar que adquiera gusto por la lectura. Por ejemplo, contar cosas interesantes que uno ha leído, preguntarle por cosas que haya leído él, ofrecerle libros amenos que transmitan valores positivos, etc.

Tienen especial interés las actividades (como el teatro) que fomenten la creatividad y la libre expresión escrita y artística. En estas edades del nacimiento de la intimidad y el desarrollo de la sensibilidad, están particularmente dotados y más libres de prejuicios y respetos humanos.

Ayudarle a preocuparse por controlar la imaginación. A todo el mundo le llegan momentos más o menos largos de desánimo o de pesimismo, y debe saber que él no es una excepción. En muchos casos, esas crisis provienen de dar vueltas alrededor de sí mismo con la imaginación de manera excesiva. Desaparecen con un poco de disciplina mental, sabiendo encauzar esos pensamientos inútiles que a veces tanto estorban. Ese sano control de la fantasía y de la memoria le hará abrirse más y será una protección ante los peligros del pesimismo, la tristeza y la vanidad.

Preocuparse de que adquiera una buena educación sexual. Debe acertar a captar ahora, cuando todavía no está despierto en él, con toda su fuerza, el instinto sexual, la naturaleza del amor humano. Para conseguirlo, se debe prestar gran atención a la educación de la afectividad.

El chico está expuesto a toda una corriente de planteamientos inadecuados en relación con el amor y la sexualidad. La tendencia sexual a los diez u once años aún suele estar latente, pero puede surgir con intensidad en cualquier momento. Ha de estar preparado y con la idea clara de que la dignidad de la afectividad humana debe hacer que el sexo quede subordinado al amor maduro y a los valores de la persona.

Ayudarle a desarrollar las virtudes propias de la convivencia y el trato social: generosidad, lealtad, gratitud, comprensión, saber perdonar, espíritu de servicio, preocupación por los demás, etc.

La inclinación al esfuerzo físico, la aventura y la competición favorecen la adquisición de hábitos de reciedumbre y austeridad, virtudes especialmente necesarias para los años siguientes.

Potenciar el sentido de responsabilidad mediante muestras de confianza, a través de encargos en casa o en el Club, ayudar a los hermanos más pequeños, trabajos en equipo, etc.

Educación en la fe: consolidar una base doctrinal sólida, catequética, así como una clara formación de la conciencia. Es importante dar una formación moral con un profundo sentido positivo. Conviene que adquiera pronto una fina conciencia de pecado, sin escrúpulos ni laxitud, sabiendo diferenciar bien lo grave de lo leve, el sentir del consentir, etc. Hay que ayudarles a llevar a su vida ordinaria lo que oyen en las clases de religión del colegio o de catecismo en el Club, descendiendo a situaciones concretas, y explicando cómo la fe cristiana se demuestra con obras y no es sólo un conjunto de ideas bonitas. Si entienden desde ahora que cualquier actuación suya les acerca o aleja de Dios, es más fácil que se esfuercen por mejorar, y también que en el futuro no dejen de rezar.

Prácticas de piedad; han de ser pocas y constantes, como por ejemplo:

  • Saludar y despedirse de Jesús al llegar o irse del Club.
  • Tres avemarías, de rodillas.
  • Ofrecimiento de obras.
  • Algún misterio del Rosario (quizá con los padres).
  • El Ángelus.
  • Bendecir la mesa.